martes, 9 de diciembre de 2008

Fernandito


Mi chiquito tiene un dedito fracturado, fue en el jardín, un desafortunado accidente, que mal trago! se los puedo asegurar, me llamaron y cuando lo ví casi me desmayo, tenía la punta del dedo índice izquierdo casi colgando y había perdido mucha sangre, lo llevé al hospital y allí curaron su herida, lo suturaron y al día siguiente lo llevé a Carhué, donde hay un traumatólogo que según dicen es una eminencia, el Dr. Pablo Vasser, pues bien allá fuimos con mi amigo "el negro Rotelli", capo total, siempre dispuesto! ese día no durmió porque trabajó de noche y aún así a las 8,30 estaba en casa para llevarnos a Carhué, para colmo el médico que nos esperaba a las 10:00 nos atendió a las 13:00, porque estaba operando, resumiendo lo vio y dijo que el procedimiento que recibió en Salliqueló fue el correcto, así que más tranquilos nos volvimos con tormenta, nos cayó encima bastante granizo pero por suerte ya estábamos llegando y entramos como moto a la estación de servicio de Boeri para guarecernos, por fortuna no pasó a mayores.

Tina



Te contaba que estaba de luto porque mi hermosa perra Valentina (Tina) se fue para siempre, jamás imaginé que iba a encariñarme tanto con un perro, no hay caso, dicen que el hombre es el único animal sobre la tierra que tropieza dos veces con la misma piedra, hace unos años, cuando vivía en Capital Federal, tenía un perrito llamado "chiquito", sí ya sé que no es nada original el nombre, pero era tan chiquito que le venía bien, él me acompañaba a la parada de colectivos, como a media cuadra de casa, y cuando me veía subir se volvía, y mas o menos a la misma hora en que todos los días volvía de mi trabajo el tipo estaba esperándome en la parada, en mi vida pude lograr que un hombre haga eso! pero mi perro lo hacía, hasta que un día subo al colectivo y miro para atrás y sorpresa la perrera estaba levantando a Chiquito, fui a trabajar y pedí permiso para salir, volví a la municipalidad y como era tan feíto y viejo (13 años) y para colmo sin collar (le producía alergias) ni medallas, pensaron que era callejero y lo pasaron a mejor vida. Ese día me sacaron de ahí con la policía porque yo quería el cuerpo de mi perro, pero los incineran, me quejé, rompí el vidrio del escritorio del boludo que me atendió porque se burlaba de mí y bueno, una tiene su carácter, salí de ahí e hice la denuncia en ADA, me asignaron un abogado y se inició un proceso contra la municipalidad, pero desistí porque tenía que contar lo mismo una y mil veces produciéndome tal angustia que no pude resistir. Desde ese día me dije, Lidia nunca más un perro, hasta que llegó mi hermosa Tina. Tan inteligente que no parecía de este mundo, créanme que se reía, levantaba los labios y mostraba los dientes y hacía un ruido como cuando alguien gime, le gustaba viajar en los baúles de los coches y era muy buena madre. Guardo de mi Tina un hermoso recuerdo.